SOCIEDAD


LA VUELTA AL FMI, UN CAMINO AL ABISMO QUE YA HEMOS TRANSITADO





Grupo de Curas en la Opción por los Pobres



Los argentinos con memoria recordamos al Fondo Monetario Internacional. Lo recordamos entre las peores cosas que nos ocurrieron, lo recordamos como responsable del hambre y de la muerte, lo recordamos como gestor de “ricos cada vez más ricos a costa de pobres cada vez más pobres”, lo recordamos y lo detestamos.​





El actual gobierno, coherente con sus raíces y con su política de ricos y para ricos, se refugia en la cueva de los ladrones, después de haber tomado deuda acelerada e irresponsablemente. Y el pueblo se empobrecerá más y más pagando la fiesta de los poderosos.


Repudiamos las políticas que este gobierno lleva adelante desde hace ya demasiado tiempo; repudiamos que sea generador de pobreza y tristeza, repudiamos que estas políticas nos vuelvan a someter como esclavos ante los poderosos del “imperialismo internacional del dinero”.


Es un verdadero escándalo que una mayoria de funcionarios del gobierno tomen medidas economicas para atenuar una corrida cambiaria que los beneficia principalmente a ellos y sus capitales fugados al exterior. Es un gobierno que no tiene autoridad moral para pedir sacrificios, porque no les interesa ni la verdad ni el bien comun ni el desarrollo del país.


Sabemos que otro camino es posible y que el gobierno no quiere tomarlo amparado en una prensa cómplice y una sociedad narcotizada. La sociedad debe despertar. Estamos a un paso de una nueva crisis como la del 2001. Los que la vivimos debemos aprender qué gobierno y qué politicas nos llevan a este desenlace. Sabemos que ese “otro camino” -que el gobierno estigmatiza cada vez que puede- más tarde o más temprano, volverá. Porque este camino está condenado al fracaso, a la explosión y la muerte, mientras los CEO que nos gobiernan gozan de los dólares que tienen en el exterior y que ellos y sus cómplices aplauden.


Alentamos a nuestras comunidades a mantener la esperanza militante que nace de la solidaridad, la búsqueda de justicia y de la verdad.


Esas que el gobierno desconoce, porque miente. Esas que Jesús, y la Virgen de Luján, celebran porque “Dios derribó del trono a los poderosos y elevó a los humildes” (Lucas 1,52)


Grupo de Curas en la Opción por los Pobres



Cambiemos, proyecto (mediopolítico) anticristiano





Pedro D.



"Estos preguntarán también: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, desnudo o forastero, enfermo o encarcelado, y no te ayudamos?”. El Rey les responderá: “En verdad les digo: siempre que no lo hicieron con alguno de estos más pequeños, ustedes dejaron de hacérmelo a mí”. Y éstos irán a un suplicio eterno, y los buenos a la vida eterna."

Evangelio según San Mateo (25, 44-46)





I. La Mediopolítica: dispositivo de poder del Poder del Capital

La Mediopolítica ha comenzado a diagramar un nuevo discurso en Argentina. Es el discurso del anticristianismo. No es un fenómeno exclusivamente argentino. Ni del todo nuevo. El Poder del Capital, articulado en su burocracia financiera, económica, institucional e ideológica, ha confrontado desde finales de la Edad Media contra el cristianismo pero jamás lo hizo de una manera tan abierta ni directa. Cierto es, además, que la Mediopolítica es la expresión más contemporánea y reciente del Poder del Capital. Es su más joven invención. Por tal razón, nos atañe solo el análisis del mismo y no del Poder del Capital en sus procesos históricos. Efectivamente, es en la actualidad en donde los avances tecnológicos de las telecomunicaciones (satelital e internet), la nanotecnología, la robótica y la biotecnología, junto a los desarrollos conceptuales de la antropología y la linguística (en materia de discursividades) y la neurociencia los que han permitido una red suprasubjetiva que regula autoconscientemente (es decir, de manera retroalimentativa por medio de ensayo-error) el flujo de subjetividades y personas de manera territorial y “geo-local”. Tal fenómeno se puede considerar impropiamente “globalización” si se asume al mismo como algo dado históricamente, es decir, como una realidad concreta producto de un proceso natural, pero como “Mediopolítica” si lo analizamos como dispositivo de poder.

II. El Poder del Capital manda…

El Poder del Capital tiene sustento en el fetichismo de las cosas y más puntualmente en la idolatría del “Oro” y el poder que ello genera a través del deseo de los otros. El “Rico” tiene lo que otros desean y al hacer uso de sus riquezas dispone de la voluntad de quienes las desean. El Poder del Capital manda y, según las leyes históricas del proceso de acumulación del Capital, difunde no sólo los valores de quienes detentan tal acumulación, sino también los dispositivos de poder que los transmiten, ya sea de forma punitiva como retributiva.

III. El Poder del Capital y la Fuerza

Cada proceso acumulativo del Capital tiene su razón ser en la Fuerza. El Poder del Capital es, intrínsecamente, Fuerza. En efecto, así como en la naturaleza la fuerza es producto de la masa y la aceleración; la riqueza es producto del Capital y la tasa de ganancia. Paralelamente, así como la materia (expresada en la masa) tiene origen en una gran explosión inicial (Big Bang), la riqueza (expresada en el Capital) tiene como origen un acto de Violencia. Tal acto de violencia a nivel social es la Conquista. En el plano individual, trabajo (socialmente necesario) acumulado. Así, la Riqueza, emergida de una acumulación de capital originaria y violenta (conquista) impone sus reglas a quienes detentará sus imposiciones o, dicho de una manera más cotidiana, impuestos. De tal modo, los sometidos al poder rendirán tributos al poder vigente, mediante la tributación y bajo la amenaza del castigo o la expropiación.

IV. El Poder del Capital manda, pero Dios reina.

El límite del alcance del Poder del Capital es la Moral. Mientras las mercaderías tienen un valor intercambiable en una cantidad concreta de otros bienes y su trabajo equivalente, las personas tienen valor en sí, es decir, un valor no intercambiable. Tal Valor no puede ser reconocido sino mediante las reglas de la Moral. No obstante, esa igualdad no es producto de una arbitrariedad ni de un juicio apriorístico, menos una cuestión meramente genérica. La igualdad es un principio metafísico. Es igualdad ante Dios y, por ende, sumisión a un principio absoluto, es decir, está sometida a Juicio. Ello no solamente por necesidad ontológica: una universalidad no puede sostenerse de manera arbitraria, es decir, sin un Juicio. Tal Juicio tiene la característica de responder a principios absolutos para no relativizarse ni subjetivarse. Por otra parte, el reconocimiento de la Consciencia de lo Absoluto no es otra cosa que el reconocimiento de la Consciencia de que Dios reina como Principio Universal y por sobre los principios espirituales que rigen el Universo entero tanto a nivel sensorial como espiritual. Es, por ende, el Espíritu el que reconoce la Presencia de Dios en todos los hombres y, por lo tanto, nuestra igualdad ante Dios en cuanto creaturas y portadores de su Principio Universal: el Amor. Bajo las reglas de Dios y su Reino es que Ricos y Pobres somos iguales, como Débiles y Fuertes, todos sometidos al Juicio (último e irrevocable).

VI. El Mandato del Capital y el Reino de Dios

El Mandato del Capital es arbitrariedad y no tiene fin ni horizonte. No promete sin mentir. Ni tiene fundamento en sí mismo. Es arbitrariedad que no se sobrepone a la Muerte. El Poder de Dios por el contrario afecta a cada partícula del universo y a cada acontecimiento de la vida humana. Por ende, el Poder de Dios reina por sobre el mandato de la Riqueza. El Señor Jesucristo ha sido sobre el principio básico del Reino de Dios: “Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Ustedes deben amarse unos a otros como yo los he amado. En esto reconocerán todos que son mis discípulos: en que se aman unos a otros.”

VII. El Mandato del Capital

Si el Poder de Dios reina y el Capital sólo manda. ¿No es lógico que el Mandato del Capital sea el olvido de Dios? ¿No manda mejor el Capital en almas impiadosas? Pero hay que comprender mejor el Mandato del Capital, cuál es su Poder y la fuente del mismo. Su Poder es el poder del deseo y la fuerza. Fuerza y deseo. Fuerza para disuadir la concreción del deseo ajeno. Deseo para retroalimentar la fuerza que inhibe a los demás. Disuasión de la Muerte y el Castigo del Juicio. ¿Y qué es lo que genera el deseo de lo deseado? ¿Qué es lo que alienta la fuerza que protege de otros deseos? La respuesta es simple: el Brillo. El Engaño. La atracción sensorial del reflejo de lo más deseado: el Brillo del oro. El resplandor del Sol. La insinuación de absoluto en la singularidad del Yo. La hipnótica fuerza mundana de los deseos más elementales. La sed del placer. La Vanidad. El deseo de ser dios. La debilidad del Odio. La sed de venganza. Los pecados capitales.

VIII. El Poder del Capital y su máscara

El Oro es la máscara del poder. La máscara de la fuerza que detenta el monopolio del deseo. Detrás del Oro se encuentra el capricho del vicioso. La subjetividad del necio. El exceso de fuerza del injusto. Casi todo parece cubrirse de la luminosidad falsa del Mal. Salvo los justos, los cuales son siempre castigados por el Mandato del Capital, por no dejarse someter como esclavos. El Oro simula el paraíso. Promete mintiendo. Engaña y hace sufrir a los justos. Premia a los despiadados y maliciosos.

IX. El Poder del Capital y la Mediopolítica

La Mediopolítica representa la astucia del Poder del Capital en vísperas de un gran colapso del poder del que se nutre. La apuesta estratégica de la Mediopolítica es que, ante la amenaza de la caída del único sistema político, económico y social vigente en la actualidad, no se reconstruya ni siquiera para la posteridad ningún otro sistema que lo reemplace. Para ello, apuesta a la insustancialidad, la irracionalidad, la subjetividad, la anarquía, el relativismo, el slogan propagandístico y la cacería de “los grandes relatos”. El mayor peligro que encuentra la Mediopolítica en el camino es el surgimiento de la Fe, es decir, de la Libertad del Espíritu. El Poder del Capital se ha encargado por siglos de destruir la Fe cristiana y sus valores más esenciales de manera sistemática. La Mediopolítica es el intento más desesperado de subversión total de los valores cristianos en vistas de la conformación de un infrahombre: un hombre esclavo. Un Espíritu libre y bajo el Reino de Dios no se somete al destello circunstancial del Oro. Ni a la esclavitud del poder económico-financiero. Ni a la Mentira de la propaganda. Dios reina y si el Reino de Dios emerge, aún en sus formas más primitivas, el Mandato del Poder, el Engaño del Oro, pierde su efecto. No podrá imponer su obediencia a los caprichos de hombres viciosos y malvados.

X. Cambiemos y la Mediopolítica

La singularidad del proyecto de la Mediopolítica de totalizar los poderes del Estado, los del poder del Capital y articularlos en una red comunicacional han dado el engendro que hoy conocemos como Cambiemos. Lo sorprendente de tal experimento es que no sólo se trata de un experimento económico o político. En realidad, se trata de una revolución cultural. Una subversión de los valores cristianos. La finalidad de Cambiemos no es terminar con el “populismo”, su Mandato es el Mandato del Capital. Es decir, arrasar con los valores cristianos.

XI. Cambiemos y el anticristianismo insustancial

Primero, estigmatizando al pobre: “Choriplanero”, “K”, “mantenido”, “vago”, “chorro”. Luego, sospechando del Bien: “lo hacen por plata”, “defienden intereses propios”, “lucran con causas nobles”, “no quieren trabajar”. Condenando al que defiende la Justicia: “defiende a los Corruptos”, “es amigo de los ladrones”. También, dudando del que dice la Verdad: “es sólo tu opinión”, “nadie tiene la verdad absoluta”, “nadie es dueño de la verdad”. Cambiemos lejos de ser sólo una alianza política encarna un movimiento político anticristiano de base anti-intelectuales, es decir, un anticristianismo insustancial. Los valores del Amor, la Caridad y la Verdad son menospreciados sistemáticamente y la Cultura de la Muerte fomentada en todas sus formas hasta la imposición de la muerte sin juicio. El único fundamento suyo es la Arrogancia y la Repetición. El no pensamiento y el Odio. No es casual que sus repetidoras de mensajes propagandístico no dejen de cuestionar sistemáticamente no sólo a la Iglesia Católica sino a interpelar y cuestionar moralmente al Papa Francisco en su lucha contra el demoníaco Poder del Capital. No hay que engañarse, el Dinero es el excremento de Satanás.


"La guerra de la moda y sus destructores mecanismos inconscientes"

Pilar Baselga


BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA:
Neocolonialismo español





Pedro D.



Si no se puede proveer de otro modo el asunto de la religión, es licito a los españoles, ocupar sus tierras y provincias, y establecer nuevos señores y destituir a los antiguos
Juan Ginés de Sepúlveda (1490 – 1573)





El Imperio Global
La religión hegemónica en la actualidad es la del Dinero. Es la religión oficial del Imperio Global. Se conquistan tierras y bombardean ciudades en su nombre. Y a través de él no sólo se obtienen bienes, sino voluntades. El dinero no es sólo referencia del valor (económico) sino de los valores morales. Por su intermedio se invirtieron los valores tradicionales. Ahora lo “bueno” es lo “caro”. El precio es el Valor. No es casualidad, por ello, que el precio de los bienes en el mercado (y la credibilidad de los gobiernos) lo regule la Bolsa de “Valores”.


El Imperio Global se ha edificado de manera institucional y su poder se dispersa capilarmente en las sociedades. No la sostienen los estados. Los estados son los pies de plomo de este Megaestado financiero-militar-propagandístico. Las corporaciones y el sistema financiero son sus cabezas más visibles, las cuales se expresan en el lobby ejercido en instituciones internacionales. Su influencia es capilar porque se ha dispersado en todo el cuerpo político y jurídico de los estados nacionales y de los organismos internacionales.


El Imperio Global tiene su propia doctrina y filosofía. Su doctrina política es el liberalismo (de izquierda y derecha) y su filosofía es el positivismo científico. No sólo pelea con ideas, la Ciencia es su espada mortal y la tecnología su escudo. La democracia es su dogma y la biopolítica, su praxis. La defensa de su dogma es aún más importante que la base de los recursos económicos estratégicos de las naciones con los que se nutre. Su dogma le permite someter ideológicamente a las poblaciones a través de gobiernos implantados que defienden los intereses de la elite mundial y un aparato propagandístico que impone el no-pensamiento en las masas.


El Imperio Global no es una abstracción, es una realidad. Se exterioriza a través de las políticas de los países “desarrollados” pero van más lejos que ellos mismos. Están corporizados en el club Bilderberg. La masonería y el sionismo son las sectas que los sostienen. Su mayor logro fue hacernos creer que nos gobernamos a nosotros mismos y que la esclavitud que elegimos se llama libertad y democracia. Mercantilizar el trabajo y vaciar la espiritualidad de los pueblos son sus tareas más empecinadas. Nunca en la Historia se podría haber sostenido lo que cabe decir ahora sobre nuestro tiempo: un Imperio Global se ha adueñado del mundo.


El Bicentenario de la Independencia argentina
“Claramente, deberían sentir angustia, querido rey, al separarse de España". El Presidente argentino Mauricio Macri dedicó estas palabras al Rey de España, refiriéndose a quienes firmaron el acta de Declaración de Independencia argentina. Tal alocución reflejó muy bien el no-pensamiento impuesto por el “Círculo Rojo” (eufemismo macrista para referirse a los exponentes en la Argentina del Imperio Global): la separación del mundo civilizado occidental (y, por ende, la Independencia) genera “angustia”. El rey emérito de España, Juan Carlos I, fue el único invitado relevante del espectro político internacional en los festejos del Bicentenario y fue el receptor unívoco del mensaje. Mientras tanto, quedó manchada de vergüenza la memoria del pueblo argentino al cual le costó sangre liberarse del yugo despiadado y sangriento del reino español. Reino que jamás pidió perdón por el genocidio sistemático cometido en América. Entre tanto, la frase de Macri sonó como un pedido de disculpas o, mejor dicho, como algo peor: una confesión explícita del sometimiento que se renueva.


Un poco de geopolítica
Para comprender al poder de un estado o un imperio se requiere un conocimiento simultáneo de su historia y sus territorios. El poder de un estado se manifiesta efectivamente en el uso sistemático de la coerción sobre su territorio y la cohesión (aplicada de manera institucional) de sus pueblos. Tal poder se ve condicionado por las condiciones geográficas del mismo. La historia, por otra parte, nos permite comprender los avances, retrocesos y límites geográficos, culturales y lingüísticos de tales procesos de coerción y cohesión.


En el caso de nuestra historia, podemos observar que la Argentina estuvo siempre bajo la atenta mirada de imperialismos ultramarinos que no solamente vieron en el territorio austral un lugar para proveerse de materias primas, sino como un enclave estratégico para el dominio global de los mares y, por tanto, del comercio global. Tales fueron los casos de España, Inglaterra, Francia, EE.UU, y recientemente ha asomado China.


El neocolonialismo español
El “Imperialismo yanqui” ha sido siempre un concepto utilizado por los movimientos peronistas y los de izquierda que pretendieron caracterizar de tal manera la amenaza global que asimiló gran parte del mundo. No obstante, tal eslogan proveniente de la lucha social pocas veces estuvo acompañado de un análisis minucioso de la realidad concreta del mismo. Es cierto que el Departamento de Estado norteamericano estuvo detrás de muchas decisiones militares y geopolíticas de gran magnitud que afectaron en el pasado al mundo y a Latinoamérica en particular. Pero no hay que perder de vista el todo. Es menester más bien realizar un análisis más pormenorizado de los poderes que más influenciaron nuestra política doméstica.
Por otro lado, el Imperio Global no puede circunscribirse solo a EEUU, a pesar de que sea uno de los exponentes más importantes de su política global. El Imperio Global es un Imperio financiero-militar-propagandístico con coordinación global, aunque con la peculiar característica de sostenerse mediante el poder territorial de los imperios occidentales tradicionales y las oligarquías locales. Tal poder territorial (de los imperialismos occidentales tradicionales) se definió como neocolonialismo. El neocolonialismo es la dominación económica, política, comercial y cultural ejercida por un estado central a otro periférico. Nos sirven como ejemplo la relación de Inglaterra con los países de la Commonwealth, Francia y los países francófonos de África, Alemania y el este y centro de Europa, Israel y el Medio Oriente y, menos mencionado aún, España y los países latinoamericanos. EE.UU. es un estado articulador de tales imperialismos y es, por ende, el Imperio de los imperios. El Imperio global es una articulación de los imperialismos antes mencionados por intermedio de EE.UU. y las instituciones internacionales que coordina. No obstante, quien coordina las políticas de EE.UU. es un poder aún más oculto, el cual maneja la Reserva Federal y coordina a los grupos financieros e industriales globales. Tal elite se articula en lo conocido como Club Bilderberg, el lobby financiero-industrial corporizado y concentrado por la aristocracia del Imperio Global.


El caso argentino
Cuando se repite mecánicamente que el gobierno de Menem privatizó todos los recursos del Estado argentino cumpliendo a rajatabla con el Consenso de Washington, lo que se olvida de decir es a qué estado se vendieron a precio vil las empresas estatales y los recursos estratégicos del país. O mejor dicho, se olvida decir el origen de los grupos empresariales que controlan nuestra economía en sectores estratégicos. Para saberlo hay que hacer mentalmente una lista de las empresas multinacionales más importantes del país. Si hablamos de bancos, YPF, Aerolíneas Argentinas, los servicios de agua, la energía nuclear, no es sino España el estado más favorecido de las privatizaciones de los noventa. También podemos percatarnos de ello cuando analizamos el soporte corporativo de la estructura gigantesca de lo que se llama Grupo Clarín, el cual no es sino la sombra criolla del grupo PRISA.


La historia de tal invasión neocolonial se remonta al exilio de Perón. El Dictador Franco que no pudo influenciar ideológicamente a Perón, si lo consiguió con parte de su círculo político, los cuales se adoctrinaron bajos las ideas del régimen español. Por ello, a la muerte del líder argentino, el peronismo tomó un lineamiento “franquista”, el cual fue encarnado por Lopez Rega. Tal personaje siniestro posteriormente dio lugar al surgimiento de la atroz dictadura militar de Videla que intensificó los dogmas franquistas sobre la lucha contra el comunismo. La “guerra sucia” y la “teoría de los dos demonios” no fueron sino conceptos importados. Cabe recordar, además, que Franco muere un año después de Perón y que queda en su lugar el rey Juan Carlos de España hasta la llegada de la transición española.


Al mismo tiempo, tal neocolonización de España otros dos momentos muy importantes:
1. la adhesión a la OTAN en 1981 (un año antes de la guerra de Malvinas)
2. la adhesión a la Unión Europea en 1986 (tres años del gobierno de Menem)
En el primer momento se reordena el posicionamiento militar y geopolítico de España para con la República Argentina en el Atlántico Sur. Mientras que por el segundo momento, se crean las bases económicas y políticas para la expansión económica de las empresas españolas en Latinoamérica.


Para ser más claros: Argentina no está dominada directamente por el Imperio yanqui, más bien se encuentra bajo la influencia neocolonial española. Pero hay que comprender lo siguiente, el “Imperio Español” no es sino una pata del Imperio Global porque España también está sometida a los designios del poder de este Megaestado financiero-militar-propagandístico. Además, hay que recordar que hay otras potencias con intereses geoestratégicos directos que se contraponen con nuestra soberanía: los Países Bajos, Italia, Israel, EEUU y el mismo Brasil, aunque en menor medida (incluso EE.UU e Israel).


La década ganada: el combate contra el enemigo equivocado
Magnetto no es el poder detrás de la sombras. Solamente representa la pata argentina del grupo PRISA. Actuando como moderador político y protector de los intereses de las empresas españolas en Argentina, el grupo Clarín explicitó su compromiso con el lobby español cuando se produjo la “nacionalización” de YPF.


El gobierno de CFK cometió el error de no arrinconar regionalmente a la debilitada España y, por el contrario, prefirió una salida suave que le permitiera mejorar las relaciones con tal país. Tal estrategia subestimó la animosidad de España ante cualquier expresión mínima de insubordinación. Argentina desaprovechó la oportunidad de coordinar otras nacionalizaciones de empresas españolas con países latinoamericanos afines para despojarse del lastre del saqueo sistemático que caracterizan a las empresas españolas en el continente (que al parecer no aprendieron en 500 años otra forma diferente de acumulación del capital que la mera rapiña y el hurto). Además, Argentina pagó caro la osadía, le costó la caída de sus exportaciones de uno de sus bienes más valiosos: el biodiesel que se consumía en Europa. España actuó con astucia, unió sus fuerzas con Inglaterra y con los fondos buitres para deteriorar la imagen de Argentina y condenar al ostracismo internacional.


Sobre Magnetto y el rey Juan Carlos
Sabemos que la campaña de Cambiemos fue financiada por los fondos buitres. Pero Singer no estaba solo, coordinó sus fuerzas con el poder español instalado en nuestro suelo patrio: el Grupo Clarín. Magnetto es un hombre del imperio español y España es la tenaza del Club Bildeberg en Argentina. El CEO del Club Bilderberg en Latinoamérica es el rey emérito de España, Juan Carlos… ¿Ahora se entienden las palabras de Macri?


Es importante visualizar lo anteriormente anunciado para poder tomar acciones contra el enemigo de manera directa. Caso contrario, si imagináramos al Imperio yanqui como la amenaza directa contra nuestra soberanía nos dedicaríamos a tomar Mc Donalds, pero no el Banco Santander.


Milagro Sala
Un rey español, representante del poder del Imperio Global, jamás permitiría a una indígena sublevada. Ya sabemos lo que pasó con Tupac Amaru II y su familia. Primero le cortaron la lengua y luego despedazaron el cuerpo para colocar cada extremidad en diferentes regiones. Así castiga la corona española, vasalla histórica de la corona británica e imitadora de la misma hasta en sus métodos de magnicidios (recordar la muerte de William Wallace).


A la raza indígena no le permitirán jamás tomar los rumbos de su destino, siempre y cuando esté en manos de la corona española detenerla. Quizás el próximo sea Evo Morales.


La Nueva Argentina
Necesitamos repensar la dominación que padecemos para poder comprender cuál es la salida de este estado lamentable en el que nos encontramos. Repensar las categorías colonialistas y visitar nuestra historia son cuestiones indispensables. El enemigo que tenemos ahora es el mismo del que nos despojamos hace 200 años. Ahora tiene patrones y aliados nuevos. Pero la forma en que nos saquea e impide nuestro desarrollo es la misma.


La Nación Argentina en estos 200 años de Independencia ha atravesado un camino no muy homogéneo ni feliz. La Soberanía siempre ha costado caro. Ha costado sangre y sufrimiento. Estamos ahora pagando el precio de una transgresión imperdonable: haber tomado con nuestras manos lo que es nuestro y recuperado el orgullo y la dignidad que nos quisieron despojar. Orgullo de ser argentinos. Dignidad de luchar por un mundo justo y libre. Como nuestros próceres, los cuales jamás sintieron angustia de separarse de España.



Ingenuidad, interés o brazos de comunicación, el caso José López





Hernán P. Herrera



La corrupción no tiene ideología. Debe ser atacada sin discusión. Pero esto, en la

Argentina, requiere una discusión muy de fondo. Porque se da la paradoja de que un

corrupto del Estado popular desligitima al Estado popular, mientras que un corrupto del

Estado neoliberal, también deslegitima al Estado popular. Y no es sólo el poder de los

medios afines al neoliberalismo. Es una base cultural que asocia la corrupción al Estado y

al Estado con el pueblo.





El enfoque que muchos medios le dan a los casos de corrupción reviste una impronta

profundamente política: la corrupción de empresa aparece como una cuestión de negocios

y termina analizándose en base al mérito privado, aunque esos negocios sean con el

Estado, la corrupción de los funcionarios, sin empresa, en cambio sí es presentada como

un robo directo a todos los argentinos. En el medio nadie habla de monopolios, de

explotación de rentas, de decisiones que transfieren ingresos, de mayor o menor amistad

con los bancos, que pueden esconder o exponer a cualquier individuo.


La corrupción existe desde el virreinato, y ciertamente los gobiernos que generaron una

redistribución peleándose con sectores financieros transnacionales, con multinacionales o

con el sector agrario, o con grandes empresas locales, difícilmente sean los más corruptos,

básicamente porque se pelean con los que más plata mueven en este mundo global.

“ante todo, cuestionar la idea según la cual la lucha contra la corrupción es de

carácter a-político y meramente moral. Por el contrario, la definición de lo que se

entiende por corrupción y las causas de su emergencia, la preeminencia que se da

a los ámbitos en que ésta se manifiesta (público o privado), y las recetas que se

proponen para combatirla, son en rigor cuestiones de naturaleza eminentemente

política. En tal sentido, el neoliberalismo utiliza la corrupción como un mecanismo

para deslegitimar y cuestionar cualquier tipo de intervención estatal. Según esta

concepción, no hay razones (económicas, sociales o políticas) que justifiquen la

intervención de un Estado que, en esencia, posee una naturaleza corrupta. A partir

de esta asociación entre corrupción y Estado, se comprende que la única vía a fin

de eliminar o al menos morigerar este flagelo consiste en reducir al mínimo

indispensable las capacidades y funciones estatales” (Astarita, 2014*).


En este sentido, la colocación de U$16.500 millones de nueva deuda, con un saldo de

U$350 millones de ganancia para los bancos colocadores (JP, HSBC, Citi, etc), en el marco

del pago a buitres, que recibieron sólo U$9.000 de esos, la destrucción de los mecanismos

de regulación financiera en la Argentina, desde la desmantelación de la UIF hasta la

liberalización del spread de los bancos, un gobierno que sigue colocando deuda mientras

se le aprecia el peso, pero sin que los precios internos bajen del nivel alcanzado cuando el

dólar llegó a $16, o tarifas que aumentan con beneficio para las empresas más que para

las arcas del Estado, desprotección comercial, ajuste fiscal, contracción monetaria, una

política de ingresos a la baja.


O la insustentabilidad de los flujos de la seguridad social (que permitieron llevar la

cobertura de jubilaciones al 97% de los viejos) expresados en una estrategia de desguace

del FGS, en el marco de una ley de blanqueo de dinero sucio son temas menores. Todo

esto no reviste un análisis de connivencia entre sectores concentrados y gobierno, entre

Ceos de empresas y sus ex empresas, entre amigos de bancos ahora en el gobierno y los

bancos mismos, lo cual sería asimismo corrupción. Y endeudarse además deja un

problema de flujos y condiciones que no se desarma descubriendo a los culpables. No se

habla de esto. Para nada. De hecho, descubrir algún corrupto hace que no se hable nada

de esto.


También se plantean modelos de endeudamiento para pagar aumentos de jubilaciones, lo

que significa la aceptación de que los aumentos no son sustentables. Nadie viene a

preguntarse cómo se va a pagar algo que crece con recursos que bajan (como

consecuencia de ese mismo endeudamiento). Así las cosas, los casos de corrupción sirven

para esto, para ocultar una realidad emergente donde las tensiones económicas se cortan

siempre por lo más delgado.


Mientras tanto, en abril, las utilidades de los bancos crecieron 25%, el margen financiero a

su vez 37% (gracias a Lebacs y otras ventajas para los bancos como la desregulación del

spread), pero el crédito al sector privado bajó 5,5%. Es mucho mejor hablar de corrupción

que de la evidencia de que no existe el derrame (o el goteo, tal la traducción literal).

Nelson Castro decía que acá no hubo un proyecto de inclusión, sino uno de corrupción que

utilizó la inclusión para ocultar los verdaderos propósitos. Es contundente. “La

constatación de una dirigencia insensible, que gobernó sin escrúpulos en un país donde el

30 por ciento de su población está bajo el umbral de la pobreza” dice Morales Solá. Leuco

a su vez, afirma que la captura de José López, “en primera instancia, confirma que los

gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner fueron los años más corruptos de la historia

argentina”. Y da pena.


Porque la mayoría de nosotros no tenemos ningún amor hacía ningún funcionario, sino

hacia las políticas, como las descriptas, entre muchas otras, la corrupción es enemiga

número uno de un proyecto que tiene que ser amigo de la democracia, porque la

construcción de la verdadera democracia indica transparencia. Hay un claro problema de

fondo, hay sectores concentrados que no miran la corrupción cuando sienten que esa

diferencia se hace gracias a los impuestos sobre sectores populares (esto ocurrió entre

1975 y 2003), pero cuando sienten que esa corrupción se vincula con impuestos sobre

sectores concentrados se genera un tablero de persecuciones muy grande.


Así las cosas, un proyecto de redistribución debe ser el más transparente de todos, y esa

transparencia incluye la construcción de consensos entre los sectores favorecidos. No se

puede redistribuir a favor de los sectores más bajos, cosa que favorece a la clase media, y

ponerse al mismo tiempo a gran parte de esos sectores bajos y medios en contra, algo en

esa lógica no está bien. Y es infantil echarle la culpa a los medios.


Los medios juegan un rol en este capitalismo latinoamericano que estamos describiendo,

pero de ningún modo cabe pensarse que son elementos centrales en esta construcción.

No hay novedad, cuando el proyecto neoliberal, basado en el consenso de Washinton de

los 90 en la Argentina fracasó, algunos personajes del FMI le echaron la culpa al rent-

seeking antes que a las políticas de endeudamiento, explotación de rentas y exclusión.

Muchos defendemos el Estado interventor porque entendemos que si en un país que es

competitivo en el sector agropeacuario (sin trabajo para todos) no hay política, tampoco

habrá trabajo. Y esto requiere articular con el sector agropecuario no ponérselo de culo, o

por lo menos no tanto. No descubrimos la corrupción ayer. Pero como hay corruptos que

son usados para tachar el rol del Estado (porque usan a esos corruptos para cambiar el

gobierno y traer otro igual de corrupto pero que defiende otro rol del Estado, neoliberal

en este caso) entonces nos vemos en la obligación de hablar de otra cosa. Y acá volvemos

a una idea madre, la ausencia de consensos entre clases, producto de la desigualdad social

que hace en sí misma procíclica la capacidad para construir consensos.


La política es generar empleo, gobernar es lograr que la gente viva mejor, pero a esto le

falta una pata, generar inclusión de verdad es sobre todo convencer a los sectores

poderosos de esa inclusión, “convencer” dicho en un sentido político que implica no sólo

consenso, sino también algo de coerción en sentido político. Sin esta mínima cuota de

consenso la inclusión puede rebotar. Pensar los consensos es la tarea a la que debe

orientarse un buen gobierno, redistribuir sin ningún convencimiento por parte del

tributador hace que el rebote esté siempre latente.


Si todos (todo entendido como la gran mayoría de todas las clases) estuviéramos de

acuerdo con las políticas del Estado, todos estaríamos de acuerdo en perseguir a todos los

corruptos sin ninguna discusión, porque sabríamos que las políticas centrales no dependen

de los cambios de gobierno. Esto pasa en los países desarrollados, tienen más consenso y

por consiguiente hay menos corrupción (y por este consenso menos inflación pero es otro

tema), porque todos saben que serán igualmente perseguidos. No habría así blindajes

financieros mediáticos para unos o de plazas llenas para otros.


La única forma de construir un Estado pensando en el desarrollo de largo plazo es tejer

puentes con consensos entre distintos sectores, incluyendo a sectores que hoy no tienen

representación organizada, como los sectores más pobres y sin trabajo formal. Si las

políticas son de Estado, la corrupción pierde su principal protección, y esto es central,

porque cada conjunto social defiende a todos sus gobernantes porque en realidad estos

aparecen como un fetiche despersonalizado de su capacidad y merito, para pasar a

importar más lo que representa que lo que en realidad es. Porque es sano que importe

más las políticas que las personas, pero cuando no hay acuerdo con la política se señala

corrupción sólo como camino para modificar la política.


* Astarita, Martín (2014): Los usos políticos de la corrupción en la Argentina en los años

noventa: Una perspectiva histórica; Revista Estado y Políticas Públicas Nº 3. Año 2014.

ISSN 2310-550X http://politicaspublicas.flacso.org.ar/files/revistas/1414737669_articulo-4.pdf



La política macrista





Alberto Julián Pérez



Es la primera vez en muchas décadas que la clase empresaria, los terratenientes y los grandes comerciantes, esos sectores a los que Perón, con su buen uso del lenguaje, llamaba nuestra « oligarquía », llegan al poder a través de elecciones democráticas.





Previamente, nuestra oligarquía, caracterizada como « cipaya » y « vendepatria », por ese gran ensayista y defensor de lo popular que fue Arturo Jauretche, había podido gobernar recurriendo a gobiernos de fuerza y golpes militares. Para eso, convirtió al Ejército nacional, educado y pagado con los impuestos del pueblo, en policía al servicio de sus intereses económicos y políticos. Y ni que decir que, vergonzosamente, las fuerzas armadas, lejos de la misión que les asigna la Constitución, aceptaron con alegría convertirse en la guardia pretoriana de los poderosos e iniciar campañas de represión y genocidio contra los argentinos. Para esto violaron la Constitución primero y después dictaron las leyes más absurdas imaginables. Así, el General Aramburu pretendió que el Peronismo no existía más y él lo había eliminado de la historia, el General Onganía reprimió con la policía y el ejército a las trabajadores convirtiendo las calles de Rosario y Córdoba en campos de batalla, y el General Videla, siguiendo órdenes de propios y extraños, incluido el sempiterno Pentágono, inició la masacre genocida de su propio pueblo.


En los últimos cien años, y aún antes, la oligarquía se enfrentó al que consideraba su principal enemigo, el pueblo argentino, como si fuera una fuerza enemiga a la que hay que destruir. Los sectores conservadores y de derecha de Argentina han demostrado que temen y odian al pueblo, han demonizado y despreciado al proletario, llegando a ponerle precio a la cabeza de los gauchos, han perseguido y masacrado trabajadores.


El macrismo ha llegado a la presidencia con más poder político que otros gobiernos oligárquicos anteriores. Esa legitimidad dada por el voto le permitió en un tiempo record desarticular las reformas implementadas en favor de los sectores más humildes por el gobierno peronista último. La lista incompleta puede ser la siguiente: devaluación y reducción del salario del trabajador en un 50 %, transferencia de esos recursos a corporaciones y terratenientes, quita de impuestos a transnacionales, despidos masivos de más de 125.000 trabajadores estatales, aumento exagerado de tarifas de hasta un 500 %, implementación de protocolo policial represivo para controlar y limitar manifestaciones populares de desacuerdo ante su política.


Para mantener un estado abusivo e injusto como el que se ha planteado el macrismo necesita contar con una substancial fuerza represiva. El macrismo ha armado una gran fuerza policial para reprimir y controlar a los trabajadores. Esos policías pueden realizar despliegues comparables al de las fuerzas militares, como lo hemos visto durante la ocupación de la Villa 31. Emplearon cientos de policías, unidades especiales, carros de asalto, perros entrenados, helicópteros. Fue una ocupación de estilo militar de una villa miseria propia de una sociedad en estado de guerra. El estado macrista considera al pueblo pobre su enemigo y, como lo hicieron las dictaduras militares, dirige su violencia contra ellos. Para esto utiliza además al sistema de justicia, que se ha transformado, junto con la prensa, en cómplices evidentes de sus intereses políticos y económicos.


Desde un primer momento Macri ha tratado al pueblo como su enemigo, acusando a los trabajadores de ser grasas, vagos, ñoquis. Los pobres de la villa son individualizados como drogadictos, ladrones y peligrosos para la sociedad. En Jujuy, la oligarquía, y la justicia aliada, bajo el liderazgo de su gobernador, acusó a las organizaciones populares indígenas de querer formar un estado paralelo para derrocar al gobierno, o sea, una revolución, y ordenó la prisión política de la líder indígena Milagro Sala, mostrando la paranoia a que puede llegar la oligarquía argentina. En una provincia como Jujuy, habitada por una mayoría indígena, el sistema de justicia de las élites blancas, profundamente racistas, es absolutamente injusto, y no ha hecho más que apoyar la persecución del pueblo indígena, al que su gobernador acusó de ladrón y subversivo.


Esta demonización del pueblo, racista y xenófoba, con absoluto desprecio hacia los trabajadores de los países hermanos y de las masas pobres argentinas, repite un patrón de conducta vergonzoso que la oligarquía ha mantenido durante más de 100 años en Argentina. Macri no confía en su poder político, y utiliza constantemente a la policía para amenazar al pueblo e imponer políticas humillantes y destructivas contra la población, sometida al abuso, la miseria, el desempleo, y la reducción de servicios indispensables en hospitales y escuelas. Su estado no es un estado democrático convencional, es un estado policial que se apoya, como el gobierno de las dictaduras oligárquicas del pasado, en la fuerza represiva. Esa violencia no va dirigida a defender la soberanía nacional y proteger al país de las amenazas de un enemigo externo, sino a reprimir y someter a la población argentina.


Macri teme que el pueblo gane la calle. Los sectores políticos de oposición han apoyado parcialmente su vaciamiento de la economía popular y sus ataques contra los trabajadores. Muchos de estos han claudicado y abadonado a las masas. Los trabajadores, que son los afectados directamente por esta política antilaborista, aún no han utilizado plenamente su fuerza organizada para defenderse del ataque de la oligarquía, el empresariado y las multinaciones. En el pasado, han sido las organizaciones sindicales las que frenaron y derrocaron a los gobiernos oligárquicos. Fueron los trabajadores y sus huelgas y paros los que forzaron a las dictaduras militares patrocinadas por la oligarquía a dejar el gobierno. La pasividad política de la oposición puede bien pronto cambiar cuando la clase trabajadora salga a la calle.


Alberto Julián Pérez es autor de Literatura, peronismo y liberación nacional. Corregidor, 2015



El Manosanta





Pedro D.



“Adeanchi, adeanchi”. La Bebota entra. La escena está decorada con artículos orientales. El Oriente es un lugar ajeno, lejano, misterioso, ambiguo, místico y propicio para construir fábulas e historias que no requieren de precisiones ni certezas. El Oriente, aquí, es lo opuesto a lo verdadero.





“Maestro”, grita la Bebota. El Maestro responde y la abraza. No se percatan ambos de la presencia de un tercero en la escena. Es el padre de la Bebota. Los separa. Tiene años, no se come el verso. Sabe que el Maestro en realidad es un vividor. Alguien que aprendió las mañas de la lleca, entre los vivos que se lanzan al mundo a buscárselas como pueden. Aún con lo espiritual y sagrado.

El Maestro habla con un acento fingido. Es conciliador, escucha, finge paz, sabe persuadir, es un timador profesional. El padre de la Bebota advierte que va a averiguar sobre su pasado. Que no le cree que sea un Manosanta, sino mas bien un delincuente con un prontuario conocido en su ciudad de origen. El Maestro sonríe y murmura “pero eso ya prescribió”. Se desdice y calla. Risas del público. El padre de la Bebota insiste: “Pero vos no sos más que un atorrante, a quién vas a salvar vos”. El Maestro es astuto y evasivo. “¡Me trajiste a la nena!”, exclama. Su mirada busca la complicidad de la cámara y sus manos se repliegan en su cara insinuando quitarse la baba de encima.

La Bebota lo vuelve a abrazar y el Maestro no cesa con sus picardías. Le dice que está cargada. La descarga. Se detiene cuando el espectador se encuentra con sus ojos en el momento en que sacude la falda de la Bebota. La risa estalla en el público. Todos somos cómplices del manoseo. Luego, el Maestro finge que la escucha y le promete que la va a curar. La va a cambiar. Habla de cosas extrañas pero fáciles de entender: poderes, conjuros, magia y le pide que le tenga Fe. No le da razones. El padre de la Bebota escucha y exclama que se deje de joder con tantas tonterías.

La Bebota es bella, inocente, casi niña, saliendo de la adolescencia. Por momentos, hasta parece pura. La Bebota es la Argentina. Tiene los mismos problemas que la Argentina: se cree fea, que nadie la quiere, se siente sola, no sabe qué quiere. Se siente pobre. Se siente estafada. El Maestro se aprovecha la situación. No disimula sus intenciones, son malas, egoístas. Sólo quiere poseerla y hacerse de su dinero. Pero para eso tiene que hacerle bien el verso.

La Bebota no se deja engañar ni mucho menos. Por el contrario, es generosa con los embusteros. Con los que la hacen sentir bien y la seducen sin muchos argumentos. Los vivos siempre le despertaron esa generosidad extraña que su padre nunca pudo entender. Será que le gusta que le metan la mano en el bolsillo y, de paso, le toquen el culo, creerán algunos.

El padre de la Bebota no es sino la Historia argentina. La voz de la razón que advierte a la Argentina que el Manosanta la va a estafar de nuevo. Que ya hubo otros que la fundieron y que éste es precisamente ese tipo de malandras con cotillón y globos incluidos. Que no se ilusione.

Ella quizás no esté dispuesta a escuchar. Si el Manosanta persuade a la Historia de retirarse, la Argentina quedará desprotegida, caerá nuevamente en la estafa y volverá al fondo, detrás de las cortinas de seda oriental, a perder su tan preciada inocencia. Quién sabe que le hará allí el Manosanta. Seguramente vejarla y empobrecerla.

Alberto Olmedo nos ha dejado una gran enseñanza a los argentinos: el criminal más peligroso es aquél al que le abrimos la puerta para que nos robe.