CULTURA


¿Qué fue lo que pasó en el CCK?





Conrado Geiger



¿Qué fue lo que pasó en el CCK? ¿Era un antro de ñoquis militantes con un Centro Cultural como pantalla? ¿Era un espacio que usaban los k para contratar gente inútil y pagarles sueldazos? ¿En que condiciones estaban contratados? ¿De quienes dependían?





La noticia es breve: Más allá de la promesas realizadas en diciembre del 2015, echaron a los trabajadores del CCK. Técnicamente no “echaron”, sino que simplemente no se le renovó el contrato a nadie.


Los contratos en el CCK comenzaron fines del 2014, siguió habiendo incorporaciones, en su mayoría entre marzo y julio del 2015, lo cual es fácilmente explicable ya que la programación en vivo comenzó en junio. Yo fui contratado sobre el final: firmé un contrato de octubre a diciembre para participar en un programa de radio que se hacía en Radio Identidad Cultural, la radio que transmitía desde el CCK.


El Ingeniero Lombardi se dedicó desde su asunción a pasearse por los canales de TV haciendo promesas y acusaciones. Según sus propias palabras, en el CCK había 710 personas que cobraban sueldo de las cuales un 85 u 86% (varía el número según la entrevista) que cobraban por convenios con universidades nacionales. El otro 15% de esos contratos se encontraban dentro de la Ley Marco vinculados a otros organismos oficiales.


¿Cuántos trabajadores éramos ese 85%? Si bien el 85% de 710 da 603,5, la estimación de los delegados es de 450. El verdadero número sólo la conocen los echadores compulsivos. Si 450 el el 85%, entonces el 15% restante serían 80. Si el total son 710, entonces el 15% son 106,5.


Escuché en una de esas entrevistas televisivas al Ingeniero L. justificar la no renovación de contratos acusándonos de ser “ñoquis”, mezclando dos temas que no tienen nada que ver el uno con el otro. Ñoqui se llama en lunfardo a aquellos empleados estatales que van sólo los días 29 a cobrar su sueldo y nunca más aparecen. Convengamos aplicando sólo el sentido común (que hasta un ingeniero debería tener) que un Centro Cultural de la magnitud del CCK no puede funcionar con 100 trabajadores. Ergo: No eran ñoquis. Eran 450 trabajadores que facturaban todos los meses. No tenían aguinaldo, no tenían vacaciones, no hacían aportes. Pero básicamente trabajaban.


Lombardi también denuncia que el CCK no tenía director. Es cierto: era manejado por un extraño ensamble entre el Ministerio de Cultura y el Ministerio de Planificación. Los productores trabajaban en relación directa con Verónica Fiorito, la Jefa de Gabinete de Asesores del Ministerio Cultura. Es decir: técnicamente no habían nombrado un director, lo cual no estaría bien, pero es no quiere decir que el CCK estuviera acéfalo. Los resultados estaban a la vista: Los trabajadores (con o sin director) producían. Estos 450 trabajadores eran los que diseñaban y producían todas las actividades que se desarrollaban en el CCK. Los que pensaban la programación, los que la armaban, la comunicaban, hacían una revista donde se publicaba la programación y se hablaba de arte.

Yo hacía un programa de radio. Salía al aire de lunes a viernes de 10 a 12. Eso era fácilmente verificable. Es comprobable, ya que los programas quedaban grabados en SoundCloud. La radio salía al aire las 24 horas (no literalmente “al aire”, debería decir “al cable”, ya que se escuchaba por Internet). Era una ventana que se abría en el CCK para que su programación y muchas de sus actividades se pudieran escuchar desde cualquier parte del mundo. Echaron a todo el equipo que hacía la radio.


Los contratos con las universidades pueden considerarse “desprolijos” usando la terminología macrista, es decir son contratos que precarizan la situación laboral de los contratados. Eso es cierto. ¿Qué debería hacer un “país serio” que se encuentra con la pesada herencia de trabajadores del ámbito estatal en situación precaria? Regularizar lo irregular. Mejorar las condiciones laborales de esa gente. ¿Qué hizo el gobierno liderado en este caso por el Ingeniero L.? No renovó los contratos. Dejó en la calle a todos esos hacedores de cultura.

Al quedar expuestas lo endeble de la acusación de ñoquis se generó una polémica sobre los sueldos. O sea: frente a la evidencia de que se trabajaba, la sospecha pasó a ser que los trabajadores con situaciones irregulares en sus contrataciones, seguramente, se la llevaban con pala. Eran k. Eran militantes y, consecuentemente, sospechosos.


Lombardi habla del “monumento al despilfarro” y de un gasto de $3.000.000.000, de equipos por un valor de $500.000.000 que no están instalados y que se alquilaban. Son números que asustan. No es que dude de su palabra, pero él no da más detalles. Y después de haberme acusado de ñoqui sin ninguna prueba y con todas mis pruebas en su contra, yo esperaría a ver de dónde saca esos números con los que tan fácilmente agravia y descalifica la puesta en valor de ese edificio. Edificio que dicho sea de paso, es Monumento Histórico Nacional, obra de dos arquitectos –en momentos distintos con estilos distintos - que oscila entre el estilo neorenacentista italiano de Francesco Tamburini y el estilo academicista francés de Nolbert Maillart. Es una de las grandes obras académicas de Buenos Aires. El edificio no sólo fue “puesto en valor”, como se llama hoy a las restauraciones, sino que además se lo recicló, es decir, se le cambió el uso, la funcionalidad. El Palacio de Correo tenía originalmente 88.000 m2 y se encontraba en bastante mal estado, la intervención convierte a ese viejo edificio en un Centro Cultural de 116.884 m2: el centro cultural más grande de América, el cuarto más grande del mundo (y, encima, en el primero de este tamaño cuyas actividades son públicas y gratuitas). No puedo decir a simple vista cuánto puede haber costado la construcción de una sala como “la ballena azul”, con un acondicionamiento acústico integral y un órgano tubular traído especialmente de Alemania. Pero los número alarmistas que tira un ingeniero no impresionan a este arquitecto.


Y más allá del presunto y no comprobado “despilfarro” que pudo haber habido: ¿Qué tiene que ver eso con echar a los trabajadores? ¿Cuánto ganaban esos trabajadores que hacían que el CCK fuera un centro de actividad artística y cultural? Atención al público y acomodadores ganaban en su mayoría $7.000. Ese sueldo, repito, siete mil pesos, era lo que cobraba la amplia mayoría del personal. Las áreas de producción, programación, administración, logística y similares iban de $10.000 a $18.000. Y algunos pocos llegaban a $20.000.


No hay que ser un As de la economía para darse cuenta de que el presupuesto del equipo estable del CCK no era muy alto. Haciendo un promedio de $10.000 nos arroja $4.500.000 por mes. El gasto, como lo califica el ideario liberal, no era alto. Sobre todo si se lo compara con el impacto fiscal para el 2016 de la quita y reducción de retenciones a las exportaciones del campo que se estima será de unos $ 60.000 millones. Incluso el “despilfarro” queda chico frente a esa cesión de ingresos.


Echar a todos esos jóvenes no tiene que ver con reducción de gastos, ni con modernización del área, ni con ningún tipo de beneficio para el argentino medio. Es lisa y llanamente destruir lo construido. Los liberales, una vez más, en nombre de la civilización atacan lo que consideran barbarie. Y un centro cultural gratuito para todo público es una barbaridad.